jueves, 8 de abril de 2021

30 DE MARZO DE 2021: VIGÉSIMA AUDIENCIA

DE PADRES Y DE HIJOS


El debate continuó con los testimonios de la hija de dos militantes del PRT-ERP, uno asesinado y otra secuestrada y confinada en la Comisaría de Bernal y en Olmos; y con el relato de un militante de la JP de Escobar que fue llevado a los CCD de Zárate-Campana y luego al Pozo de Banfield. La reconstrucción de la historia militante de los padres de la primera y la espera de 7 años del segundo como preso político para volver a abrazar a su hijo fueron dos historias relacionadas a los CCD más grandes del conurbano sur, como fueron las Brigadas de Investigaciones de Banfield, Quilmes y Lanús.


Por HIJOS La Plata

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ENVEJECER DE NIÑA

La audiencia se inició con el extenso y tremendamente documentado testimonio de MARÍA ESTER ALONSO MORALES, hija de Jacinto Alonso y Delfina Morales, y hermana melliza de María Elena Alonso Morales, ambas nacidas durante el confinamiento de su madre. Alonso era militante del PRT-ERP y fue asesinado en la zona de Banfield el 7 de octubre de 1974 durante una acción armada. Morales fue secuestrada el 13 de noviembre de 1974 en una casa de Bernal, partido de Quilmes. Sus casos no forman parte de este debate pero completan la situación represiva que se vivía en la zona sur del conurbano durante el tercer gobierno peronista.

María Ester abogada y escritora, fue parte de la agrupación HIJOS en los ’90 y en la década siguiente estuvo trabajando un tiempo en el equipo jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo. Desde 2006 vive en Hamburgo, Alemania, y vino en esta ocasión al país para declarar en este debate.

La testigo explicó la tarea de investigación que llevó adelante desde los 20 años para saber qué había ocurrido con sus padres: “Mi testimonio es una reconstrucción histórica”, dijo, y agregó que hizo “un trabajo de archivo que comencé en el año 1995 cuando estudiaba en la Facultad de Derecho de la UNLP. Mis fuentes son, principalmente, la palabra de mi madre, lo que me fue contando con pesar, con dolor y hasta con pudor como mujer por todo lo que le pasó. Y lo fui corroborando en expedientes penales, recursos de hábeas corpus, recortes periodísticos. Tengo toda esta documentación en papel y la tengo digitalizada y la pongo a disposición de la justicia”.

Así contó que su padre Jacinto nació en marzo de 1950 en Salvatierra de Miño, en Galicia, España. Vino a Argentina a los 4 años y aquí lo esperaba parte de su familia, que se instaló en Liniers. Jacinto fue al colegio Nacional y comenzó a militar en el Partido Comunista, después en el Partido Comunista Revolucionario y finalmente en el PRT. En esta última militancia conoció a Delfina. Sobre su padre María Ester dijo que pudo reconstruir que “era un hombre muy directo, que hablaba de frente y que se vestía formal, con saco y corbata. Que parecía más grande que la edad que tenía y que siempre andaba con resfrío o tristeza”. Así, algunos compañeros le dijeron que “Aníbal”, como lo conocían en el partido, había participado del en el VI Congreso del Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS) realizado en Rosario, como parte del espacio políticos, social, sindical y cultural que impulsó el PRT-ERP con la estrategia de desarrollar, a la par de la lucha armada y el trabajo sindical de base, un amplio frente de liberación nacional y social que tuvo entre sus referentes a Armando Jaime, Agustín Tosco y Norberto Pujol. El espacio llegó a sumar 12 mil militantes en el V Congreso de Roque Sáenz Peña, Chaco, en noviembre del ’73 y para la actividad de Rosario 25 mil participantes aprobaron un plan de lucha por la derogación de la legislación represiva del gobierno peronista, por la libertad de los militantes presos y por el ceses de los asesinatos políticos, la tortura, la represión.

María Ester también reseño el origen humilde de su madre Rosa Delfina Morales con estas palabras: “nació en 1937 en Santiago del Estero, aunque fue inscripta diez años después. No fue a la escuela. Fue la mayor de ocho hermanos. Su madre la entregó a una familia de Frías para que la críen”. Agregó que con esa familia su madre aprendió a leer y a escribir, trabajó desde muy niña y fue cocinera en restaurantes y casas de comida en Buenos Aires, donde alquiló una pieza de pensión en Once. A Jacinto lo había conocido en una reunión del PRT y pronto comenzaron a compartir la pieza de Once. En palabras de la testigo la época del tercer gobierno peronista fue “urgente y muy intensa”. En marzo del ’74 Jacinto alquiló una casa en Lanús con su nombre legal y se mudaron allí. Entre los hechos represivos de aquel período, María Ester recordó la “Masacre de Capilla del Rosario”, ocurrida en Catamarca el 12 de agosto del ’74 y donde 27 combatientes de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP que se disponían a atacar el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada fueron sorprendidos por una patrulla policial, cercados, detenidos por el Ejército y fusilados. En ese hecho cayó combatiendo Antonio del Carmen Fernández, destacado dirigente azucarero tucumano y miembro del buró político del PRT. A raíz de la masacre en Catamarca, el ERP decidió lanzar una campaña de represalia para frenar la represión. Como parte de ello actuó el comando Guillermo Pascual Altera  “Es así que mi padre y sus compañeros, haciendo cumplimiento de esa decisión, se dirigen a la casa del mayor Jaime Gimeno. Disparan una ráfaga de ametralladora. Le cruzan el paso. Alertados por los disparos, el hijo de Gimeno desde el balcón del primer piso de la casa abre fuego y cae Arístides Benjamín Suarez, y mi padre es herido y fallece después. Otro compañero también resulta herido y un cuarto logra escapar. Esto ocurrió en Banfield el 7 de octubre de 1974”, dijo la testigo. En un texto aparecido en el Estrella Roja n° 42 el órgano de prensa de la organización definía que “mientras el ejército opresor no tome guerrilleros prisioneros, el ERP no tomará oficiales prisioneros, y a cada asesinato responderá con una ejecución de oficiales indiscriminada. Es la única forma de obligar a una oficialidad cebada en el asesinato y la tortura a respetar las leyes de la guerra”.  Aquel día fatal su madre no estaba en la casa de Lanús, pero tras ver el nombre de su inquilino en los diarios el propietario de la casa los denunció en la comisaría. 

Delfina Morales, embarazada, había buscado refugio en una casa de Quilmes al cuidado de Susana Gallego, otra militante del PRT que luego sería secuestrada y desaparecida. Luego Delfina se fue a Bernal, donde conoció a Nelfa Suárez y a María Esther Alonso, ambas cercanas a la militancia del PRT. La noche del 13 de noviembre las tres fueron detenidas junto a otros compañeros, como Víctor Taboada y Dalmiro Suárez, y acusados de poseer armamento de guerra. El paso de esos compañeros por el Pozo de Banfield fue relatado en audiencias anteriores de este debate. 

Delfina, que fue llevada a la Comisaría 2ª de Bernal, y embarazada de 9 meses la llevaron a una oficina, donde fue interrogada, torturada, golpeada y le hicieron un simulacro de fusilamiento. En ese lugar los represores le querían hacer firmar un papel de entrega en adopción de -lo que creían- era un bebé: “no sabían que éramos dos dentro de la panza. Trataban de convencerla, que iban a buscar una buena familia, pero ella se negaba constantemente, después empezaban con amenazas: ‘entregálo porque no vas a sobrevivir. No la vas a ver crecer'”, contó la testigo. Como parte del operativo los genocidas se robaron varias cosas de la casa de Bernal, entre ellas una valija con un ajuar con la ropa que Delfina había preparado para sus hijas. “Cuando nosotras nacimos no teníamos nada. Y creo que eso fue lo que más le dolió a ella”, dijo María Ester. En Bernal Delfina estuvo confinada 3 días hasta que un día se descompuso y los policías no tuvieron otra opción que llamar a una médica en la clínica vecina al centro clandestino de detención. Al ver la situación en la que estaba, la profesional recomendó internarla. Ingresó a la sala de parto con un grupo de policías con armas largas. El médico quería echar a los policías del lugar mientras familiares de otros internados se enojaban porque “traían a parir a una subversiva”. “En ese contexto nacimos con mi hermana el 17 de noviembre de 1974”. Ese día Delfina fue trasladada a la Unidad 8 de Olmos con las dos niñas y por una causa de infracción a la Ley 20.840. “Nosotras pasamos el primer mes de vida en Olmos. Ahí mi mamá se encuentra con Nelfa Suárez, que da a luz al hijo de Víctor Taboada. También estuvo con Nelly Ramas, con Susana Mata, que tuvo a Alejandrina Barry, con Laura Franchi, y ahí nació Silvina. Yo la conozco. No sabía que habíamos sido compañeras de guardería en Olmos”, recordó María Ester. En esas condiciones, madre reciente, con custodia armada y amamantando fue llevada a declarar ante el juez Grau. Recién en diciembre del ’74 la pusieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, y un mes más tarde la trasladaron a Capital Federal para una rápida expulsión del país a Perú sin sus hijas. En Perú recibió la solidaridad de compañeros que asistían a presos políticos y como pudo se ganó la vida con la costura. Las hijas quedaron a cuidado de  Olga Litural, otra compañera también desaparecida. Delfina pudo volver al país recién en el ’77 y con nombre falso. Pero tras el secuestro de Olga tuvo que rastrear a sus hijas  hasta dar con ellas en casa de una familia de La Plata cercana a familiares de presos políticos. Al principio esa familia no las quería entregar, pero finalmente Delfina las llevó a Santiago del Estero con la abuela materna, que estaba viviendo sus últimos días. “A partir de ahí empieza todo un periplo para ella y para nosotras como hijas. Pasamos por tres escuelas distintas. Estuvimos en un hogar escuela como pupilas. Hasta que en 1984 pudimos volver y en el 85 volvimos las tres a La Plata. Las tres juntas otras vez”, reflexionó.

María Ester también tuvo que hacer un largo recorrido para recuperar su verdadera filiación y buscó la ayuda de Abuelas de Plaza de Mayo en La Plata. Sobre su legajo por filiación, que fue el primero que se abrió en la Comisión por el Derecho a la Identidad, recordó: “Lo presentamos en el Tribunal de Familia de La Plata. Era un reclamo de filiación en común acuerdo con mi mamá y mi abuela paterna. Esto es reparar estos lazos familiares. Soy 99,996 por ciento hija de Jacinto Alonso Saborido. Me preguntaron cómo me quería llamar. Yo pedí Alonso Morales para mantener con mucho orgullo el apellido materno. Así se hizo la inscripción en mi partida de nacimiento”, dijo la testigo, que a esta altura del relato también es sobreviviente del Genocidio.

Los compañeros de Delfina también sufrieron el escarnio del Terror de Estado, esta vez en el Pozo de Banfield. En el caso de Víctor Taboada, apareció muerto en una celda del CCD y, según un expediente por apremios ilegales al que accedió María Ester durante sus investigaciones, su cuerpo fue robado de la morgue del cementerio de Avellaneda. En ese documento figura un croquis del Pozo y declaraciones de los policías Juan Carlos Zamudio, José Félix Madrid (llevado a juicio y canallescamente absuelto en 2018 en la causa por el CCD Puente 12), Mario Raúl Domínguez, Carlos Alberto Verónica y el comisario Juan Miguel Wolk. De ellos sólo Wolk está procesado en esta causa. El hermano de Madrid, Domigo Luis, apropiador de la hija de desaparecidos Elena Gallinari Abinet, fue condenado en 2013 a 10 años de prisión pero goza de una tranquila domiciliaria en La Plata.

Ni ayer ni hoy hubo justicia. En el mismo año ’74 la causa por el asesinato de Jacinto Alonso recayó en el tribunal federal del juez Aquino, que se declaró incompetente y pasó el expediente a la justicia ordinaria, con el argumento de que el homicidio es un delito común. Entonces tomó el expediente al juez de turno en Lomas de Zamora, Carlos Mayón, quien además tiempo después fue profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNLP. “Me acuerdo que, cuando la rendí, el comentario era ‘que no te toque Mayón’. Los alumnos lo padecimos, por suerte no me tocó para rendir”, agregó María Ester. Finalmente Mayón también se declaró incompetente y la causa fue elevada a la Corte Suprema, que en 1975 dictaminó que el hecho fue un delito federal, es decir que volvió al juez Aquino, que lo cerró argumentando que no había imputados. “Todo esto salió en la prensa”, agregó la testigo. 

María Ester cerró su exposición leyendo un poema de su autoría titulado “Madurar” y pidió juicio y castigo a los genocidas. El texto que eligió dice: “Nacimos huérfanos, crecimos a la intemperie. Envejecimos de chicos/ Nacimos a la intemperie, crecimos huérfanos, envejecimos de chicos/ Huérfanos de intemperie, envejecimos de chicos”. 






 


TODA LA DICTADURA PRESO

El segundo testimonio fue el de RAÚL ALBERTO MARCIANO, sobreviviente de los CCD Comisaría de Escobar, Tiro Federal de Campana, Ara Murature, Arsenal Naval de Zárate, Mansión Werch y también del Pozo de Banfield, por donde pasó como detenido desaparecido entre el 13 y 18 de abril de 1976 con otro grupo de secuestrados de Zárate y Campana.

Marciano contó que en los ’70 era carpintero y su compañera Eva Raquel Orifici era maestra y delegada sindical. Juntos militaban en la Juventud Peronista de Escobar y él tenía una cercanía al Movimiento de Sacerdotes para el del Tercer Mundo. 

Ambos fueron secuestrados en su casa de Del Viso, partido de Pilar, el 29 de marzo del ’76, cuando un grupo operativo de civil irrumpió de madrugada, mientras dormían con su hijo de 2 años. A él le dieron un culatazo sin explicar nada y luego revisaron toda la casa para robar las pocas cosas de valor que había como cadenas y anillos. Luego los tabicaron y los subieron a dos autos operativos, dejando al niño abandonado en la casa. “Un grupo quedó en la casa. Y los vecinos también refieren el llanto y los gritos de Martín. Esa fue nuestra peor tortura. Saber que nuestro hijo estaba con esa gente”, dijo el sobreviviente y agregó que si bien el niño fue rescatado por la familia, ellos no supieron nada de él hasta que fueron blanqueados como presos políticos. 

A la pareja la llevaron a la Comisaría de Escobar y los pusieron en un camión celular con celdas muy pequeñas que estaba estacionado en un espacio verde al fondo de la dependencia. Desde allí, según Marciano “se escuchaba que había otros compañeros presos sometidos a vejámenes de todo tipo dentro del mismo celular”. Supieron del paso por ese lugar de Gastón Roberto José Gonçalvez y José Enrique Tomanelli, militantes montoneros de la zona desaparecidos. La Comisaría de Escobar operaba plenamente como CCD desde antes del golpe de Estado, y así quedó claron en el debate que se hizo en los tribunales de San Martín en 2011 donde se condenó al genocida Luis Patti y al comisario Juan Fernando Meneghini junto a otros jerarcas de la zona represiva 4. 




De Escobar los Marciano-Orifici fueron llevados a varios CCD de la zona Zárate-Campana: el Tiro Federal de Campana, al buque Ara Murature, el Arsenal Naval de Zárate y la Mansión Güerci, un caserón abandonado de una familia tradicional de Zárate ubicado entre la estación de tren y la sede de Prefectura, tomado por el Ejército y usado como CCD. 

Según el testigo “en el Arsenal Naval de Zárate fuimos torturados con picana eléctrica, golpes y todo tipo de vejámenes. El Ara Murature fue un infierno, el peor lugar donde estuvimos. Éramos sometidos a todo tipo de golpes, torturas y vejámenes, incluso abusos contra las compañeras detenidas. Tuve la percepción de  dos o tres abusos de compañeras detenidas” aseguró Marciano, que estuvo todo el tiempo tabicado en esos CCD. 

Por ese grupo de lugares de muerte pasaron varios militantes detenidos de Escobar, entre los que Marciano recordó a Marta Catalina Velasco y su esposo Hugo Morini, ambos secuestrados el 30 de marzo del ’76, con paso por Banfield la primera quincena de abril del ’76 y finalmente desaparecidos. Marciano también recordó a Luis Alberto Messa, quien en la audiencia 15 de este debate confirmó que por ese circuito pasaron secuestrados con Velazco, Morini y Blanca Buda y que de allí fueron llevados en camión al “Pozo de Banfield” en fecha cercana al 9 de abril del ’76.

Sobre el traslado a Banfield Marciano confirmó que se produjo en grupo, en camiones, cubiertos con lonas y de noche. “Pudimos saber que era el Pozo de Banfield porque cuando declaramos en Conadep hice un croquis del lugar y era totalmente coincidente con el que tenía la Conadep. Luego hicimos reconocimiento del lugar en el marco de un juicio”, dijo el sobreviviente.

Agregó que ya en Banfield los subieron por una escalera angosta a un segundo piso y los ubicaron en la zona de calabozos individuales. Allí pasaron 5 días confinados. “Llegué muy golpeado y lastimado, sobre todo por las ligaduras que se me introducían en las muñecas y principalmente en los tobillos. Otros compañeros estaban peor que yo. Fue el primer lugar donde me retiraron las vendas”, contó Marciano, y agregó que luego de 20 días detenidos fue el primer lugar donde pudo lavarse un poco en un piletón, comer un “guiso infame” y tomar agua. “Pudimos ver el primer lugar donde vemos personal con uniforme policial y gente de civil. Si bien no recibimos tratos demasiado violentos, sí era posible escuchar todas las noches, pegando el oído al piso del calabozo, las torturas”, señaló con firmeza Marciano. En Banfield fue golpeado y sometido a un interrogatorio político-ideológico. Tras 5 días lo llevaron a Coordinación Federal, donde también se escuchaban torturas y “abusaban de algunas compañeras. Es algo muy degradante y muy torturante”, afirmó. Luego lo llevaron con un grupo de detenidos en avión a Azul y de ahí a la cárcel de Sierra Chica. Pasados 3 años los trasladaron a la Unidad 9 de La Plata y tras un mes a Caseros. Luego de 3 años en Caseros en régimen cerrado Marciano recibió la libertad vigilada en agosto del ’82 y por un año. La tragedia familiar no terminó ahí, porque “La policía o los militares nos robaron todo lo que teníamos de valor en la casa. Salimos en libertad y no teníamos nada. Ni casa ni una cama donde dormir”. Tuvo que hacer changas para sobrevivir y recibió apoyo de algunos organismos de derechos humanos, aunque “llevo bastante tiempo hacer la vida normal”.

El sobreviviente afirmó que en 2004 reconoció los lugares donde estuvo detenido y declaró en varios de los procesos por esos CCD. Marciano pasó casi toda la dictadura preso, primero como desaparecido y luego como preso político. Finalizó su testimonio muy emocionado y contando cómo fue el reencuentro con su hijo: “En la cárcel lo veía a través de un vidrio. El primer contacto fue algo enorme, importantísimo para nosotros. Una espera de casi 7 años para poder abrazarlo”.



La audiencia concluyó con el testimonio de un sobreviviente del Pozo de Banfield secuestrado con otros militantes en mayo de 1975, grupo que pasó más de un mes en ese CCD durante el tercer gobierno peronista y fue liberado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional por decreto 1335 de aquel año. El testigo solicitó que no se difundiera su declaración.


El juicio continúa con más testimonios de familiares de las víctimas y sobrevivientes del Genocidio.  Se puede seguir en vivo todos los martes por la mañana por los canales youtube del CIJ y del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.




martes, 30 de marzo de 2021

23 DE MARZO DE 2021: AUDENCIA DÉCIMO NÓVENA

COMPLICIDAD PATRONAL


El debate continuó con los testimonios de dos trabajadores despedidos y secuestrados por su actividad sindical, más el relato del hermano de un militante y obrero rural desaparecido. Nicolás Barrionuevo, obrero de SAIAR, Oscar Pellejero, no docente de la Universidad de Luján, y Sixto García, hermano de un delegado de la FATRE, reflejaron en su propia experiencia de vida la complicidad patronal que aportó listas y logística para que se concretara el genocidio durante la última dictadura.


Por HIJOS La Plata

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LOS OBREROS DE SAIAR

La audiencia comenzó con el testimonio de NICOLÁS ADÁN BARRIONUEVO, trabajador de la firma de termotanques SAIAR de Quilmes y ex detenido de los CCD Pozo de Banfield e Infierno.

El 13 abril del ’76 el Ejército ingresó en la fábrica SAIAR y se realizó una reunión con el jefe de personal Juan Manuel Martínez Riviere, un oscuro personaje contratado seis meses antes del golpe para aplicar ajuste y persecución a los trabajadores de la planta. Durante aquella jornada con los represores en la planta, Barrionuevo vio como revisaban las taquillas de los trabajadores y con un listado aportado por la empresa lo separaron con otros obreros: Argentino Cabral, Jorge Varela, Mariano Aransenchuk, Raúl Codesal y Marcos Alegría.  Los llevaron a la Comisaría 1ra de Quilmes. En el traslado iba presente el propio Martínez Riviere, que luego hizo pasar el hecho como un secuestro cuando en verdad era parte de la operatoria desaparecedora. De hecho en la dependencia policial Barrionuevo sufrió un interrogatorio de parte del gerente, en combinación con un capitán del Ejército, pidiendo nombres de sus compañeros e información de la organización Montoneros. Un día después fue llevado a la Comisaría de Temperley por 10 días y luego lo liberaron. Decidió volver al trabajo, pese a que había evidentes controles de las fuerzas represivas y la gerencia. Los secuestros de operarios de SAIAR siguieron durante todo el año ‘76. Barrionuevo dijo que eso “eran torturados y luego devueltos” y eso “pegaba muy fuerte en los trabajadores porque era un acto intimidatorio”. Las mayoría de las detenciones ilegales se produjeron en un edificio que la fábrica había destinado a los obreros, ubicado en Corrientes y Urquiza, Quilmes.

Tanto Cabral como Varela, Aransenchuk, Codesal y Alegría fueron volvieron a sufrir secuestros ese otoño-invierno del ’76 y pasaron por la Brigada de Investigaciones de Banfield. A Barrionuevo lo volvieron a buscar el 10 de junio del ’76, esta vez en su casa. Lo sorprendieron militares con ropa de fajina de madrugada cuando dormía con su esposa y sus 4 hijos. Les robaron las pocas cosas de valor que tenían y a Nicolás lo subieron a un Falcon para llevarlo al “Pozo de Banfield”. Allí fue sometido a torturas con picana eléctrica. “La segunda vez creía que no salía de ahí”, dijo el sobreviviente. 

En Banfield estuvo siempre tabicado y confirmó que para llevarlo a torturar lo subían y bajaban por unas escaleras. Otros detenidos le confirmaron que se trataba de la Brigada de Banfield. Comunicándose de celda a celda Barrionuevo encontró a un compañero cordobés que le confirmó que por allí pasaron también Edith Vera Páez y su esposo Rodríguez, oriunda de Cruz del Eje y delegada de la autopartista ILASA secuestrada en marzo del ’76 en Capital Federal. En una oportunidad lo torturaron en presencia de su compañero de SAIAR Raúl Codesal y les preguntaban por una reunión gremial que había habido hacía un tiempo. Tras varias sesiones en la “parrilla” y un mes de cautiverio en Banfield, Barrionuevo fue llevado a la Brigada de Investigaciones de Lanús con sede en Avellaneda, CCD conocido como “El Infierno”. Lo siguió en ese recorrido Codesal, que había sido secuestrado en su casa de Quilmes en junio del ’76, y había pasado unas horas en la Brigada de Quilmes, dos semanas en el “Pozo de Banfield”, luego 3 días en "El Banco" y de regreso a Banfield hasta mediados de julio del mismo año. Aquel invierno Barrionuevo y Codesal llegaron casi desnudos al “Infierno” y siguieron sufriendo distintos maltratos. El 24 de agosto del ’76 Barrionuevo fue llevado a la cárcel de Devoto y un mes más tarde a la Unidad 9 de La Plata, donde fueron sometidos a la “recibida” con golpes de puño, patadas y palazos por los penitenciarios comandados por Abel David Dupuy. Luego gestionó la salida del país, pero se la negaron y recién en julio del ’82 le dieron libertad vigilada hasta diciembre de ese año.

El sobreviviente recordó que los delegados de SAIAR reclamaban el cumplimiento de la ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el trabajo, sancionada en el año ‘72, que garantizaba plus por producción, comedor, y elementos de seguridad. “Trabajábamos con muchos balancines, que para el cuerpo humano son una guillotina”, reflexionó, y agregó que “había compañeros a los que les faltaba un dedo o parte de la mano y eso no era considerado un accidente grave”.

Otro represor que dirigió la represión en SAIAR fue Guillermo Minicucci, Jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada 10, ubicado al lado del Regimiento 3 en La Tabalada. Minicucci actuó bajo el apodo de “Rolando”, en los ’80 estuvo procesado por más de 105 delitos y fue amnistiado con las leyes de impunidad. 

Barrionuevo, que fue obligado a renunciar a su trabajo, brindó un completo y extenso testimonio donde reflejó la represión que sufrieron los obreros de SAIAR con la plena participación de la patronal en la operatoria desaparecedora. A 45 años del golpe genocida recién se comienzan a desentrañar los delitos del grupo Garovaglio - Zorraquín que por los favores represivos ofrecidos a la dictadura recibió 340 millones de dólares, y fue el décimo responsable del endeudamiento externo privado durante los años de plomo.


REPRESIÓN EN LA GRANJA 

El segundo testimonio fue el de SIXTO GARCÍA, hermano de Silvano José García detenido desaparecido en el Pozo de Banfield quien pasó por ese CCD entre el 8 y el 15 de abril del ’76.

Sixto contó que al momento de los hechos vivía en Merlo y trabajaba en la empresa Pirelli de esa localidad. Dijo que él estaba atravesando una adicción al alcohol que le impidió saber muchas cosas sucedidas en la época. Agregó que su hermano Silvano trabajaba y era delegado en la granja y productora avícola San Sebastián en Zelaya, una localidad rural cercana al río Luján en el partido de Pilar. Para ello se movía en una camioneta F100 roja. En ese el móvil también realizaba volanteadas y pintadas por su militancia política. Para marzo del ’76 y a través de su hermano menor, Martín, supo que en Zelaya había unas personas preguntando por la camioneta roja. 

Silvano había nacido en diciembre de 1945. Trabajaba y vivía en la granja San Sebastián, donde la empresa le había otorgado una vivienda que compartí con su mujer, Azucena de Rabbo, y sus hijos. Era delegado de la Federación Argentina de Trabajadores Rurales (FATRE) y militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Sus compañeros lo apodaban “Larga” o “Nito”. Ante los permanentes hostigamientos que se vivían decidió sacar a su familia de la granja y llevarlos a casa de unos parientes en Merlo. Luego regresó a la granja con la convicción continuar luchando y, según dijo Sixto, porque “no quiero que mis compañeros piensen que soy cobarde”. Silvano le había dicho a su familia que si no tenían noticias de él en 3 días lo buscaran en la granja. Fue secuestrado el 26 de marzo del ’76. Su hermano Martín fue hasta su vivienda en la granja y encontró los rastros del operativo en la casa dada vueltas. Varios trabajadores que también vivían en la granja les dijeron a sus familiares que vieron movimiento de móviles militares en dirección a la vivienda de Silvano. A partir de allí la familia inició la búsqueda en las comisarías de Pilar y Escobar, así como la presentación de habeas corpus, siempre con resultado negativo.

En esa época la zona era solada por las patotas de la policía bonaerense comandadas por el represor Luis Abelardo Patti, hoy condenado a perpetua por las desapariciones de los militantes Gastón Roberto José Gonçalves, Diego Muniz Barreto, Carlos Daniel Souto, Guillermo David, Luis Rodolfo  D'Amico, Osvaldo Cambiasso y Eduardo Pereyra Rossi. 

En la instrucción de esta causa figura la testimonial de Orlando Edmundo Ubiedo, hermano del sobreviviente de Banfield Valerio Salvador Ubiedo, que en 2009 dijo ante la justicia federal de San Martín que él era secretario general del gremio de los rurales y trabajaba en San Sebastián junto con Silvano García, que a su vez integraba la comisión interna de la fábrica. Lo conocía desde el año ’66 y juntos desarrollaban una lucha por convenios para los trabajadores rurales, una actividad que se hacía completamente en negro y sin condiciones de salubridad. Afirmó que en esa militancia tuvieron varias reuniones con los directivos de la empresa, entre ellos el fallecido Armando Piñeiro y el gerente administrativo de apellido Deguine. Dijo que desde antes del golpe de Estado del ’76 ya estaban sufriendo persecución política y se les complicó la tarea sindical. Días antes del golpe tenían vigilancia permanente de un Falcon verde en la puerta del sindicato. Su hermano, delegado del Molino de la empresa San Sebastián, fue víctima de secuestro y torturas en diciembre del ’75 y fue liberado. El represor Patti encabezó ese operativo. 

En la audiencia 16 de este debate Ubiedo reiteró que su hermano, fallecido hace 20 años, le contó que tras un segundo secuestro y cuando estuvo confinado en el Pozo de Banfield en abril del ’76 pudo ver a varios detenidos, entre ellos Silvano José García, a quien conocía de Escobar. Por la fecha de estancia de Valerio Ubiedo en Banfield se tiene por cierto que Silvano García estuvo en ese CCD por lo menos entre el 8 y el 15 de abril del ’76. Por su caso están acusados los policías Juan Miguel Wolk, Raúl Rodríguez y Jorge Bergés, el ministro de Gobierno de facto Jaime Smart, el jefe del regimiento 3 de La Tablada Federico Minicucci, y los integrantes del Destacamento 101 de Inteligencia Guillermo Domínguez Matheu, Carlos Gustavo Fontana, Ricardo Fernández y Pedro Palavezatti.

La empresa avícola San Sebastián estuvo gerenciada por la familia de Manuel Gurmendi y fue la primera en el país en integrar la producción avícola desde la crianza hasta la faena. En su auge concentraba cerca del 20% del mercado argentino de pollos. Tras la apertura de la importación de pollos desde Brasil en los ’90 la firma cerró, pasó a manos de una cooperativa que no pudo ponerla a producir, se decretó quebrada en 2006 y fue comprada por Granja Tres Arroyos en 2010.  Tal como se escuchó en este debate referido a la firma de termotanques Saiar de Quilmes, queda claro con el caso de Silvano José García secuestrado dentro de la planta de la empresa San Sebastián, la participación de firmas líderes del mercado argentino en la desaparición de sus delegados durante la última dictadura.

 


DE LUJÁN AL POZO DE BANFIELD

El último testimonio correspondió a OSCAR PELLEJERO, trabajador no docente de la Universidad de Luján secuestrado la madrugada del 24 al 25 de marzo del ’76 y sobreviviente de los CCD Puente 12 y del Pozo de Banfield. 

Pellejero comenzó relatando que esa madrugada un grupo operativo con varios autos lo sacó de su casa encapuchado y lo llevaron en los vehículos con otras personas detenidas hasta la autopista de acceso oeste a la ciudad de Luján. En el camino reconoció las voces de sus compañeros Alejandro Reinhold y Héctor Aurelio Phighin. Allí les hicieron un simulacro de fusilamiento y los trasladaron a Puente 12 en La Matanza. A la noche del día siguiente los represores de civil que los custodiaban les sacaron la ropa y sus pertenencias y los vistieron con ropa vieja. Después los cargaron atados y encapuchados en una camioneta e hicieron un recorrido donde pararon en el camino, bajaron  un grupo, luego siguieron y los llevaron a otra dependencia con portón y garage. Allí los bajaron del vehículo, los subieron 2 pisos por escaleras y los pusieron en calabozos individuales. A la mañana siguiente personal de civil les dijeron que no hablaran, les trajeron comida y les permitieron ir al baño. Por la tarde o noche los revisaba un médico que les daba pastillas para dormir y 2 cigarrillos. Con posterioridad pudieron saber que se trataba de Jorge Antonio Bergés, imputado en esta causa. Pellejero recordó que en el piso en que estaban había muchos calabozos y que al tercer día se llenó el lugar con detenidos por lo que los pusieron de a 2 por calabozo. A él le tocó con Alejandro Reinhold, compañero suyo de trabajo en la Universidad de Luján, y les dieron más libertad de movimiento. En la audiencia 18 de este debate el sobreviviente Reinhold contó su secuestro en Luján la noche del 24 de marzo de 1976, su traslado a la ruta de acceso a la ciudad,  los interrogatorios que allí sufrió y su encuentro en ese lugar con Oscar Pellejero y Phighin, con quienes trabajaba en la Universidad de Luján. Agregó que fueron trasladados juntos a Puente 12 y luego al Pozo de Banfield.

En el mismo piso que el grupo de Luján estaba un grupo de 5 personas de San Andrés de Giles vinculados al ex presidente Héctor Cámpora, entre ellos 2 mujeres. 

Pellejero describió los calabozos de Banfield como “de 2 un por 1,50 metros, no más, puertas de fierro ciega con mirilla, piso de cerámica tipo teja chiquita, que con Reinhold las usábamos para jugar al ajedrez con piezas de papel, y los baños al fondo del pasillo en el lado opuesto a las escaleras”.

Según el sobreviviente en Banfield al grupo de ellos no los torturaron ni recibieron golpes, sí escuchaban que se torturaba a otros detenidos, y recordó que les prohibieron hablar especialmente con los detenidos de los calabozos de adelante del pasillo. Tras 12 o 13 días vino personal al que por el lenguaje identificaron como del Ejército que les dijeron que “lo de ustedes ya está terminado”, les hicieron firmar papeles un blanco, los encapucharon y los llevaron en otro vehículo hasta el Regimiento de Mercedes, y luego hasta San Andrés de Giles ya que había detenidos de esa localidad. Allí los cambiaron de vehículo y los liberaron en las afueras de Luján, los liberaron. Los tres ex trabajadores de la universidad fueron liberados juntos el 10 de abril de 1976. Según Pellejero los que los liberaron “estaban de civil pero eran militares”. Agregó que al único que identificó bien como militar fue a un oficial que había ido a hacer preguntas a su trabajo vestido de militar y con una pistola antigua colgada en el pecho, y luego lo divisó integrando el grupo que lo secuestró en su casa.

El sobreviviente recordó que su esposa junto a la de Reinhold realizaron una búsqueda por su cuenta. En su caso hasta le aceptaron una denuncia por secuestro en la comisaría del pueblo de Jáuregui. En Luján obtuvieron un dato de que estaban en la Brigada de Banfield, pero cuando las mujeres fueron al Pozo le negaron que estuvieran allí.

Finalmente Pellejero contó que cuando volvió a su trabajo como director de personal en la Universidad, ya intervenida, le preguntaron si había sido torturado: “me llamó la atención”, dijo. Le informaron que estaba “en investigación” y suspendido sin goce de sueldo, por lo cual no podía pisar la Universidad. Pellejero recordó que la Universidad de Luján fue la primera en el país en incluir a los no docentes en el gobierno universitario, y él, Reinhold y Phighin fueron los primeros consejeros en ese cargo. Concluyó diciendo que cuando ya estaba en libertad a otro compañero de trabajo le volaron la casa muy cerca de la suya y entonces decidió llevar a su familia a Bahía Blanca mientras él seguía buscando trabajo en Luján. Pero finalmente consiguió trabajo de auditor de la UOCRA en Bahía Blanca y se afincó allí en junio del ‘76. 


El juicio continúa el 30 de marzo más testimonios de familiares de las víctimas y sobrevivientes del Genocidio.  Se puede seguir en vivo todos los martes por la mañana por los canales youtube del CIJ y del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.




viernes, 26 de marzo de 2021

16 DE MARZO DE 2021: DÉCIMO OCTAVA AUDIENCIA

DOS GENERACIONES

El debate continuó con los testimonios de dos sobrevivientes del Pozo de Banfield y de dos hijos de detenidos-desaparecidos confinados en ese CCD. Con los testimonios de Alejandro Reinhold, María Esther Alonso, Eduardo Nachman y Alejandrina Barry, dos generaciones de víctimas del Genocidio que esperaron 45 años para relatar el horror vivido.

Por HIJOS La Plata

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DE MAR DEL PLATA A BANFIELD

El primer testigo fue EDUARDO NACHMAN, hijo del teatrista y actor desaparecido Gregorio Nachman, secuestrado en aquella ciudad el 19 de junio de 1976, en una céntrica oficina donde estaba con su esposa y su cuñada. “Ese día en Mar del Plata secuestraron a mucha gente”, dijo Eduardo, y agregó que el mismo día por la tarde fue allanada la casa familiar donde estaban sus dos hermanos menores y sus primos. Por lo que pudo reconstruir la familia la patota era de la Brigada de Investigaciones local. Sin embargo “no supimos más nada de él”, aseguró Eduardo. La búsqueda de su padre incluyó una visita a la Comisaría 4ª de Mar del Plata “que era ya célebre por ser un centro de tortura y ahí me dijeron ‘¿A quién buscan? ¿Ah, Gregorio Nachman? ¿Ah, el actor, ah puto? ¿Pero además judío y zurdo? ¿Para qué buscan?’”, relató el hijo del desaparecido que cuando se llevaron a su padre tenía 19 años. Además de la falta de información la familia sufrió durante varias semanas la vigilancia de varios represores en el edificio donde vivían y la intervención del teléfono de su casa. Su relato, expuesto de manera virtual, fue interrumpido por varios problemas técnicos en la señal, y al retomar el testimonio Eduardo agregó que pese a realizar varias averiguaciones nunca encontraron nada. Supieron de un rumor que Gregorio había sido llevado en avión a Buenos aires pero no pudieron confirmar el dato. En esa época el PRT tenía un importante trabajo en el movimiento obrero de la industria del pescado, al que evaluaban como el más dinámico de la clase obrera marplatense, y también en el ámbito de la cultura, basado en la tarea del actor Antonio Luis Conti y el propio Nachman.


Recién en 2003, en el Juicio por la Verdad en La Plata el sobreviviente de Banfield Raúl Horacio Codesal habló de Gregorio. “Codesal hablaba de un director de teatro de Mar del Plata, un estupendo muchacho, pero que estaba con signos de demencia por las torturas recibidas”, contó Eduardo. Por Codesal supo que en Banfield también estuvieron ese invierno del ’76 Gladis Noemí García Niemann, Antonio Luis Conti, Daniel Ángel Román (militante del TERS-Política Obrera) y su hermana Nora Esther Román. Todos están desaparecidos, fueron secuestrados en el mismo operativo en Mar Del Plata, e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense enterrados como NN en el cementerio de Avellaneda. EN el caso de Nora Ester Román fue identificada en el cementerio de Lomas. En curioso criterio de la justicia y la fiscalía, pese a haber sido secuestrados e inhumados juntos, sólo los casos de Nachman y García Niemann forman parte de la acusación de este debate. Desde hace algunos años y en memoria de este grupo de compañeros desaparecidos, el 19 de junio de cada año se conmemora el "Día del Actor Marplatense".

En el requerimiento de elevación a juicio de esta causa se da por probado el pase de Gregorio Nachman por el “Pozo de Banfield” entre el 20 de junio y el 15 de julio del ’76, en base al testimonio de Codesal, quien a su vez estuvo confinado en Banfield durante todo el mes de junio y la primera quincena de julio de aquel año. Como una muestra más de la tardanza impune de estos juicios, el sobreviviente Codesal se encuentra fallecido.

Las consecuencias de la desaparición de Gregorio en la familia Nachman fueron definidas por Eduardo como de “mucha desesperación”. Su madre se mudó a Buenos Aires, cayó en una depresión y con el tiempo falleció. Los hermanos debieron irse de Mar Del Plata como un exilio interno, hoy sufren de cardiopatía y están bajo tratamiento. “Cómo no van a ser cardiopáticos, si tienen roto el corazón”, dijo Eduardo que les dijo el médico una vez. Además su hermana falleció hace unos años.

Eduardo Nachman concluyó su testimonio con unas palabras escritas por su padre a los 19 años que dicen: “Hay una noche entre lo legal y lo justo. La injusticia se basa siempre en lo legal. (…) La ley es la defensa de la injusticia opulenta. Lo justo no necesita defensa. La ley puede interpretarse de varias maneras, de acuerdo a la injusticia que se quiera justificar. Lo justo no tiene discusión”.

La historia de vida y militancia cultural de Gregorio Nachman puede verse en el documental “Gregorio por Nachman”, que es parte de la tarea de reconstrucción de la figura de su padre que realizó Eduardo con sus familiares.

https://www.youtube.com/watch?v=DT7KCNRlpCI&ab_channel=LaOtraOreja

EL GRUPO DE LUJÁN

El segundo testimonio fue el de ALEJANDRO REINHOLD, detenido la noche del 24 de marzo de 1976 en el edificio donde vivía en el centro de Luján, a más de 70 kilómetros del Pozo de Banfield. Reinhold era trabajador de la Universidad de Luján, creada en 1972 y cuyo rector era Emilio Mignone, luego fundador del CELS. Reinhold era activista contra las reformas antipopulares en la universidad que encabezó Oscar Ivanisevich, ministro de Educación de la Nación designado en agosto de 1974 por la derecha peronista. Había sido despedido de la universidad tras un conflicto político de varios meses. Sobre las 11 de la noche del día del golpe de Estado le tocaron varias veces el timbre y divisó tres autos no identificados y represores de civil asediando el edificio donde vivía. Sabía del inminente golpe de Estado y conocía el accionar de la Triple A y otras bandas de la derecha peronista, y pensó que era un operativo de esos grupos. Entonces intentó esconderse desde el segundo piso al tanque de agua de la terraza del consorcio, pero fue descubierto y llevado a golpes a su departamento. En ese momento vio como parte del operativo a un oficial de la Comisaría de Luján de apellido Tubus, al que él conocía, que parecía estar al mando y que se identificó con nombre falso. Así revisaron toda su casa y luego lo llevaron hasta un Chevrolet 400 color azul que lo trasladó hasta la colectora de la ruta provincial en la entrada de la ciudad. Lo tabicaron, lo interrogaron sobre su trabajo y su actividad política y lo golpearon. Allí también estaban secuestrados Oscar Pellejero y Héctor Aurelio Phighin, con quienes trabajaba en la Universidad de Luján. Luego los tres fueron llevados en autos a un lugar que pudieron divisar que se identificaba como “Caballería” de la Policía, y se trataba del CCD Puente 12, la Brigada Güemes y la dependencia de Cuatrerismo ubicadas en La Matanza, donde fueron bajados, ubicados en una sala grande y donde pudieron escuchar gritos y alaridos de gente que era torturada.

Sobre el amanecer del día siguiente una patota los saca en grupo a un playón y los divide por su lugar de origen y los suben a unos furgones policiales. A ellos los ubicaron con un grupo de detenidos de San Andrés de Giles, en total unas 12 personas, y los llevaron al Pozo de Banfield. Al llegar al Pozo los subieron por una escalera y los pusieron en una galería con ventanal vidriado y calabozos. Los destabicaron y los pusieron en un calabozo pequeño. “Éramos unos 12. Ahí estuvimos entre ocho y trece días”, afirmó el testigo. En ese período recibían comida traída por uniformados del Ejército que le recordó a la que le daban cuando hizo el servicio militar. Al tercer día escuchó que trajeron un grupo de secuestrados muy jóvenes que habían sido torturados y a ellos los reubicaron para poder confinar a esos detenidos. “Los días siguientes se llevaban a algunos a la noche para torturarlos y a la madrugada los traían de vuelta”, dijo Reinhold. En Banfield identificó al mismo represor que había ordenado cargarlos en el furgón en Puente 12, y a otros genocidas como el imputado en este debate Jorge Antonio Bergés, médico policial que iba a ver al otro grupo de detenidos y al que en una oportunidad le pidió una pastilla para dormir. Pudo identificarlo en un reconocimiento fotográfico realizado tiempo después en la Secretaría de Derechos Humanos.

En Banfield en un momento a él sus compañeros de Luján les hicieron firmar una ficha en blanco, tras lo cual los sacaron a la galería y al playón de ingreso y les dijeron que los liberaban. Los llevaron en un furgón hasta el Regimiento de Mercedes custodiados por un Puegeot 400 color claro. Luego los llevaron en el auto al cruce de las ruta 41 y 5, en las afueras de Luján, los liberaron y les dijeron que no contaran dónde habían estado porque iban a estar vigilados. Era el 10 de abril de 1976.

El sobreviviente recordó que un cabo de apellido Silva de Luján le avisó a su esposa y a la de Pellejero que estaban en Banfield, y cuando las mujeres fueron a reclamar les dijeron que no constaban en los registros. 

Reinhold recordó a otros detenidos de los que supo que pasaron por Banfield como Emilio Marchione, ex Juez de Paz de San Andrés de Giles, sobreviviente que estuvo en Banfield entre el 25 y 26 de marzo del ’76 y de quien se constató su fallecimiento hace poco tiempo. También mencionó a “La Cholita” Iribarren de San Andrés de Giles, y a Gustavo Trombetta, secretario de gobierno de ese municipio y militante peronista, ambos cercanos a Héctor José Cámpora, que tras su renuncia a la presidencia de la Nación en 1973 se había retirado a su casa de Giles. Sobre el grupo de detenidos de Luján se espera en el debate el testimonio de Oscar Pellejero. Del sobreviviente Héctor Phighin se constató que falleció.

EL TERROR DE ESTADO PREVIO AL GOLPE

El tercer testimonio fue el de MARÍA ESTHER ALONSO, secuestrada en Bernal el 13 de noviembre de 1974 a los 18 años y que pasó 1 mes de aquel año desaparecida en el Pozo de Banfield.

La sobreviviente contó que por entonces vivía en una casa en Bernal con sus compañeros Víctor Manuel Taboada, Nelfa Suárez, Dalmiro Suarez y Delfina Morales, que estaba embarazada y a término para dar a luz. 

Al llegar a su casa por la noche con Taboada fueron sorprendidos por una patota de civil que los reduce y los metieron en el piso de un Ford Falcon blanco y los llevaron a la comisaría de Bernal. Allí fue interrogada sobre sus compañeros y estuvo dos días en una celda grande con una pileta de donde podía tomar agua. En un momento apareció un represor canoso a las patadas que dijo “yo soy el coronel y vengo a reventar a cuatro subversivos. Me molestan un fin de semana para que venga”. Luego la pusieron en la caja de una camioneta sobre otros secuestrados, entre los que reconoció a Dalmiro Suárez. 

Entonces los llevaron tabicados a un CCD que cree era Cuatrerismo- Protobanco-Brigada Güemes. Allí los pusieron en un galpón y fue torturada con picana eléctrica y sometida a simulacro de fusilamiento. “Me ponían un sifón en los oídos, me pasaban electricidad en los pies y en la pelvis”, dijo Alonso y agregó que “a mi izquierda escuchaba ruidos de agua de un piletón, más allá escuchaba la voz de Dalmiro y a unos dos metros se escuchaba como que era Víctor que lo tenían atado, que lo colgaban y lo ahogaban. Yo estaba aterrorizada”. Agregó que en ese CCD fue víctima de abuso sexual. Luego la llevaron al Pozo de Banfield, adonde llegó el 15 de noviembre del ’74 muy lastimada por la tortura. 

Durante el mes que estuvo recluida en Banfield en una celda del primer piso pudo saber del paso por ese lugar de Nelfa y Dalmiro Suárez y la pareja Susana Mata-Alejandro Barry. Luego de dos semanas en las que la visitó un médico y pudo recuperarse de las heridas, le hicieron firmar una declaración donde “decía que yo era culpable de todo”. Además le trajeron unas zapatillas con un mensaje de su familia oculto en la plantilla que decía “te queremos mucho”. Afirmó que nunca supo cómo sus padres habían dado con ella en ese CCD y que nunca hablaron del tema. En diciembre del ’74 la llevaron a un juzgado en La Plata, donde le tomaron una declaración y, por un descuido del personal judicial pudo ver una carpeta donde se constataba el asesinato de Víctor Taboada. Entonces la trasladaron a la cárcel de Olmos. Allí la pusieron en una casa con otras presas políticas, entre ellas Silvia Ibarra, Nelfa Suárez, Delfina Morales y sus hijas, Silvia Negro, Nelly Ramos, Alicia Bello, Susana Mata, Raquel Itaí y Estela Maris Martínez. La mayoría de ellas son caso en este debate por su paso por el Pozo de Banfield durante el tercer gobierno peronista. De Olmos María Esther Alonso fue liberada el 10 de marzo de 1975 en un episodio donde por altoparlantes anunciaban que “se va una guerrillera en libertad”. Desde entonces comenzó a vivir en la clandestinidad porque había seguimientos de su situación en la casa de sus padres. Finalmente se exilió del país en mayo del ’77.

Para finalizar su testimonio Alonso dijo: “Yo les agradezco a todos que siga presente este tema. Como una lucecita chiquita. Que no se olvide todo esto. Memoria, Verdad y Justicia”.

LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO

El testimonio final fue el de ALEJANDRINA BARRY, hija de los militantes montoneros desaparecidos Susana Mata y Juan Alejandro Barry.

 Barry comenzó el relato aclarando que “este es un juicio por el que esperamos muchos años y por el que luchamos muchos años. Queríamos reivindicar la lucha de los familiares y de los sobrevivientes para que este juicio fuera posible”, y agrego dirigiéndose al tribunal que “no hubiera conocido mi historia si no fuera por la lucha colectiva”. A su vez recordó las figuras militantes de las integrantes de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos Adriana Calvo y a Nilda Eloy, fallecidas en los últimos años y cuya coherente tarea militante conformó mucha de la prueba existente en las causas por los CCD de Banfield, Quilmes y El Infierno.

Luego Barry sentenció con total pertinencia que “el plan genocida comenzó antes del 76” y que “los responsables del genocidio no están siendo juzgados”. También reivindicó a su madre Susana Mata como una docente y militante, secretaria del sindicato docente de Almirante Brown en el momento de su detención. “Era militante montonera como el resto de mi familia”. La pareja Barry-Mata fue secuestrada en noviembre de 1974 y llevada al Pozo de Banfield hasta diciembre de ese año. Susana cursaba un embarazo de 7 meses de Alejandrina. Fue llevada a la cárcel de Olmos como presa política, donde nació Alejandrina el 19 de marzo de 1975. Juan Alejandro Barry, fue llevado primero a una comisaría de Lomas de Zamora y luego a la Brigada de Banfield. Sus padres dueron liberados en el ’75, se mudaron a Rosario y luego a Montevideo, donde fueron perseguidos, asesinados en diciembre del ’77 y enterrados como NN en el cementerio local.

La testigo dijo que supo que su mamá estuvo en Olmos por su tío y por otra compañera. Además otras compañeras de cárcel de su mamá le contaron relatos de cuando la fueron a ver encarcelada en una camilla.

“Sé que antes de Olmos mi mamá estuvo en el Pozo de Banfield por Nelfa Suárez de Rufino”, precisó. En audiencias anteriores, Laura Franchi, sobreviviente, contó que Susana llegó “muy mal a Olmos. Muy debilitada”.

“Mi mamá salió meses después de mi nacimiento”, dijo, pero “la persecución represiva siguió en Uruguay”, advirtió.

“En diciembre de 1977, estando yo con ellos, somos víctimas de un operativo conjunto de las Fuerzas Armadas argentinas y uruguayas” en el que participó el Grupo de Tareas 3.3.2 de la Escuela de Mecánica de la Armada. Desde entonces, sus padres están desaparecidos y ella fue secuestrada y utilizada para una campaña psicológica cómplice de las dictaduras argentina y uruguaya. 

“Fui tapa de las principales revistas de Editorial Atlántida y de la revista Gente con frases como ‘los hijos del terror’ o ‘Alejandrina está sola’ haciendo una campaña, diciendo que yo había sido abandonada por mis padres y ocultando la verdad, cuando mis padres habían sido asesinados”, sostuvo. Barry puntualizó que desde hace años es querellante junto con la abogada Myriam Bregman en una causa contra quienes hicieron aquella “campaña mediática”.

La revista Para Ti publicó una nota el 16 de enero de 1978 con el título “A ellos no les importaba Alejandra”. Esa infamia cierra una serie de artículos interrelacionados de las revistas de Editorial Atlántida. El primero, “Los Hijos del Terror”, apareció en Somos, el 30 de diciembre de 1977; y el segundo, “Esto también es terrorismo. Alejandra está sola”, en Gente, dirigida por Anibal Vigil y Samuel “Chiche” Gelblung, el 5 de enero de 1978.

Los detalles de aquella infamia pueden verse en el documental “LA construcción del enemigo” de Gabi y el Grupo Boedo Films, que reconstruye los hechos ocurridos en la navidad de 1977 en Montevideo, cuando un operativo en el marco del Plan Cóndor asesinó a Juan Alejandro y Susana , secuestrando a Alejandrina de poco menos de tres años.

https://www.youtube.com/watch?v=vVTw7i44jzI&ab_channel=contraimagen


Además la testigo reivindicó a sus tíos Jorge, Enrique y Susana y no dudó en señalar a la jerarquía de la Iglesia católica como el “brazo ejecutor para obtener información de las familias de las víctimas”, porque miles de familiares acudían ingenuamente en busca de ayuda a representantes de la Iglesia, como el obispo Emilio Graselli, a quien nombró expresamente. EN los juzgados federales de La Plata existe una causa contra Graselli y la jerarquía de la iglesia, donde figuran copias de más de 40 de las fichas de familiares que confeccionaba la iglesia para luego pasárselas como listas a los represores, pero nunca se movió el expediente.

Alejandrina Barry fue contundente al afirmar que la Iglesia católica tiene información, al igual que la ex SIDE, donde tras numerosas presentaciones logró obtener “tres hojas sobre su padre”. La querella de Justicia Ya, pidió al Tribunal que se incorporen las fichas de la ex SIDE y las que armaba Graselli. Sobre el punto la hija de desaparecidos dijo: “Los servicios de inteligencia siguen teniendo información de cada desaparecido”.

Barry terminó su declaración reclamando por los 300 nietos que falta recuperar. “Falta juzgar a civiles, falta juzgar a la Iglesia y abrir los archivos de la represión”, cerró.


Por los casos de Alonso, Barry, Mata y los demás militantes secuestrados en Banfield en los años ’74 y 75 están imputados en este juicio Juan Miguel Wolk, Jefe de la división Delitos contra la Propiedad y Delitos contra las Personas, así como también Jefe de la Dirección de Investigaciones “Zona Metropolitana”, todos con sede en el edificio del Pozo de Banfield previo al golpe; Antonio Herminio Simón, Segundo Jefe del Destacamento de Inteligencia 101 al momento de los hechos; y Guillermo Dominguez Matheu, jefe de Actividades Psicológicas del 101 entre el ’75 y el ’76. Los tres asisten al juicio desde la cómoda prisión domiciliaria.

 

El juicio continúa el 23 de marzo más testimonios de familiares de las víctimas y sobrevivientes del Genocidio. Se puede seguir en vivo todos los martes por la mañana por los canales youtube del CIJ y del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.


AUDIENCIA 37 DEL JUICIO POZO DE BANFIELD, POZO DE QUILMES E “INFIERNO”

FUENTE: DIARIO CONTEXTO - Ago 24, 2021 E l secuestro y desaparición de Ricardo Darío Chidichimo, por entonces meteorólogo recibido e...